miércoles, 10 de septiembre de 2008

De zapatos y pies...


La protagonista de uno de esos libros que debería estar obligado leer en el instituto o en la facultad (La mujer habitada, de Gioconda Belli), Lavinia, miraba los pies de la gente. Se fijaba en ellos en todas las circunstancias, porque le enseñaban mucho de las personas. Y tenía razón: te fijas en el autobús, especialmente en verano, y casi sin pensarlo, podría describir cómo es la persona, especialmente si es chica, propietaria de los pies.
A mí, particularmente, me encantan los zapatos. Lo de los pies, no tanto, porque hay algunos que dan pena. Pero los zapatos también dan muchas claves de cómo es uno, de qué le gusta o su sentido del ridículo.
Hay zapatos y pies muy principescos, aunque no tenga que ver con el presupuesto que un@ tenga para comprar. Si se llevan sandalias, o los llevas cuidados (da igual que no te pintes las uñas, pero cuidadicos, por favor....aggggg!!!!) o mejor tápalos. Y cuando llevas zapato cerrado, pues limpio y escoscao, que dice mi abuela. Pero como digo, no depende tanto del dinero que tengas, sino de que seas pulcro.
El hábito no hace al monje y aunque lleves unas plataformas de Queen o unas sandalias de Camper (léase 100 €uritos del ala por par, como barato!!!!) si no lo acompañas con lo demás, pareces un fantoche.
No hay peor cosa que te duelan los pies, que no puedas dar un paso más, o que te hayan hecho una rozadura al estrenarlos....y me da que en esta Zaragoza-todavía-inExpo ha habido más de un dolor de pies, de tantas horas esperando.
De todas formas, yo, cómo mejor estoy es descalza y si puede ser tumbada en el parque, con el césped haciéndome cosquillas en las plantas de mis pies, mejor....

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